
Te quiero
- Te necesito
- ¿No es lo mismo?
- No.
Estaban desnudos,
él le acariciaba los pechos
y ella aún sentía el fuego
que consumía su sexo.
Dos veces habían alcanzado la cima
y sus cuerpos seguían excitados,
ella se acurrucó en sus brazos
y le acarició el pelo cano.
Él se encendió de nuevo
y ella rió quedo.
-Me tienes siempre dispuesta, no sé qué me das
-Estás hecha para mí, a mi medida
La cogió de las caderas
y la montó bruscamente
Ella gimió de gusto
y le habló roncamente
-Sí, a tu medida sexual
-Me conformo con cuanto me des.
-¿Es suficiente?
-No, no lo es, pero es lo que tenemos.
El placer volvió a atraparles
y sus cuerpos se estremecieron.
